
Te comparto mi historia no para hablar solo de mí, sino para mostrarte desde dónde nace mi forma de acompañar a líderes y organizaciones.
Porque no trabajo solo sobre lo que un líder hace.
Trabajo sobre desde dónde lo hace.


La historia detrás de una forma distinta de liderar
Soy Jessica Orta Calvo. Mi camino une el mundo financiero, la estrategia corporativa, el autoconocimiento y el liderazgo consciente.
Acompaño a líderes y organizaciones a tomar decisiones con más claridad, presencia y coherencia, especialmente cuando la presión, el desgaste o el piloto automático empiezan a afectar la forma de liderar.

Mi camino: estrategia, resiliencia y liderazgo consciente
Soy una mujer cuyo viaje ha sido una danza constante entre el autodescubrimiento, la resiliencia y el propósito.
Nací en Guarenas, Venezuela, en una familia numerosa y en un contexto que me enseñó desde temprano el valor de la resiliencia, la independencia y la mirada propia.
Desde niña tuve una mente inquieta, una sensibilidad profunda y una forma distinta de observar el mundo. Esa diferencia, que durante mucho tiempo sentí como una carga, con los años se convirtió en una de mis mayores fortalezas: la capacidad de leer lo que no siempre se dice, conectar puntos y mirar más allá de lo evidente.
Mi historia también estuvo atravesada por experiencias difíciles que me obligaron a desarrollar fortaleza, criterio y una relación más profunda conmigo misma.
Durante mucho tiempo pensé que avanzar significaba resistir, producir y demostrar. Más adelante entendí que la verdadera transformación no ocurre cuando negamos lo vivido, sino cuando somos capaces de resignificarlo y convertirlo en consciencia, responsabilidad y servicio.
Mi formación profesional comenzó desde muy joven. Estudié contabilidad, trabajé mientras me formaba y finalmente me gradué como Licenciada en Contaduría Pública en la Universidad Central de Venezuela.
Mi carrera me llevó a formar parte de firmas como PricewaterhouseCoopers (PwC) y Ernst & Young, dos de las Big Four. Allí desarrollé una mirada rigurosa sobre auditoría, control, riesgo, gestión financiera y toma de decisiones.
Esa etapa fue fundamental para construir mi estructura estratégica. Aprendí a leer sistemas, detectar inconsistencias, hacer preguntas incómodas y entender que detrás de cada número también hay decisiones humanas.
El crecimiento profesional llegó temprano. A los 27 años ya ocupaba una posición gerencial en una de las empresas básicas del Estado venezolano.
Pero hubo momentos que me obligaron a frenar y cuestionar la forma en la que estaba construyendo mi vida. Un accidente de tránsito marcó una pausa importante y, más adelante, mi decisión de hacer un MBA en Madrid abrió una nueva etapa de búsqueda, expansión y replanteamiento.
En ese momento todavía no lo sabía, pero estaba empezando a cuestionar los moldes desde los que había aprendido a vivir y liderar
El Camino de Santiago fue otro punto de inflexión.
En el silencio, en la caminata y en la distancia de lo conocido, empecé a escuchar una voz interna que durante años había estado cubierta por exigencia, ruido y responsabilidades.
Ese camino me enseñó algo que hoy llevo a mi trabajo con líderes: a veces no necesitamos más respuestas inmediatas. Necesitamos crear el espacio interno para hacernos mejores preguntas.
En 2012, la vida me regaló una de mis experiencias más transformadoras: la llegada de Camila.
Maternar me mostró otra dimensión del amor, la responsabilidad y la presencia. Me enseñó que liderar también es cuidar, sostener, escuchar y elegir conscientemente qué patrones queremos continuar y cuáles estamos listas para transformar.
Esa experiencia profundizó mi mirada sobre el liderazgo humano: no como control, sino como presencia responsable.
En 2014 llegué a Ecuador, país donde decidí establecerme y seguir construyendo mi camino profesional y personal.
Me certifiqué como CPA en el país, trabajé en distintos proyectos y más adelante decidí emprender. Esa etapa trajo expansión, pero también desafíos internos profundos. Me enfrentó con miedos, ansiedad, incertidumbre y preguntas que ya no podía seguir postergando.
Hoy miro esa etapa como una escuela de liderazgo: aprendí que emprender no solo exige estrategia. Exige autoconocimiento, regulación, límites, claridad y una enorme capacidad de sostener la incertidumbre sin desconectarnos de nosotras mismas.
Hubo un momento en mi vida en el que entendí que la lógica y la estrategia no eran suficientes para explicar todo lo que somos.
Mi camino personal me llevó a abrir una relación más profunda con la consciencia, la intuición, el cuerpo y la dimensión interna del liderazgo. Empecé a comprender que muchas decisiones externas nacen de patrones internos que no siempre hemos mirado.
Desde entonces, mi trabajo dejó de separar lo profesional de lo humano. Hoy creo profundamente que no podemos liderar bien hacia afuera si estamos desconectados de lo que ocurre dentro.
En mi camino profesional también he vivido experiencias que marcaron mi manera de entender el liderazgo, el valor propio y la construcción de proyectos.
La creación de Abantu Consulting Services, Inc. fue uno de esos momentos. Fue una experiencia que me confrontó con una pregunta clave: ¿cuánto de nuestro valor seguimos dejando en manos del reconocimiento externo?
Ese proceso me enseñó que liderar también implica apropiarnos de nuestra visión, poner límites, reconocer nuestra contribución y tomar decisiones desde la integridad, incluso cuando el entorno no valida inmediatamente lo que estamos construyendo.
Entre 2022 y 2023 me formé como Directora Independiente y me vinculé a espacios que impulsan la participación femenina en directorios y posiciones de decisión.
Esa etapa amplió mi mirada sobre liderazgo, gobernanza, poder femenino y toma de decisiones en entornos de alto impacto. También me permitió conectar con instituciones, comunidades y mujeres líderes que hoy forman parte de mi red de colaboración y crecimiento.
Desde ahí confirmé algo que hoy está en el centro de Jess I Can: necesitamos más líderes capaces de unir criterio estratégico, consciencia personal y responsabilidad colectiva.
En paralelo, continué profundizando en prácticas de silencio, observación y autoconocimiento.
Una de las experiencias que más marcó mi camino fue un retiro de meditación Vipassana de 10 días. Allí comprendí, desde la experiencia y no desde la teoría, cómo la mente condiciona nuestra percepción, nuestras reacciones y nuestras decisiones.
Esa vivencia me ayudó a mirar el liderazgo desde otra perspectiva: no solo como una capacidad de dirigir, sino como una práctica de presencia, regulación y responsabilidad interna.
Desde la integración entre mi camino personal, mi conexión con lo femenino y mi experiencia profesional, nació Aliadas Ancestrales.
Aliadas es un espacio de encuentro para mujeres que desean liderar desde un lugar más auténtico, consciente y acompañado. Es una comunidad donde hablamos de propósito, poder personal, límites, transformación y liderazgo sin desconectarnos de nuestra historia ni de nuestra sensibilidad.
Para mí, Aliadas Ancestrales no es un proyecto separado de Jess I Can. Es parte del ecosistema que sostiene una misma visión: recordar que el liderazgo también necesita comunidad, pausa, palabra y verdad.
Mi participación en espacios como Women in Finance también me permitió mirar de cerca los retos que viven muchas mujeres en entornos profesionales exigentes: la presión por demostrar, la dificultad para poner límites, el peso de sostener resultados y la necesidad de ocupar espacios de decisión sin perder autenticidad.
Desde ahí reforcé una convicción que hoy atraviesa mi trabajo: el liderazgo femenino no necesita copiar modelos tradicionales de poder. Necesita reconocerse, fortalecerse y expandirse desde su propia forma de habitar la autoridad.




La integración que sostiene mi trabajo
Hubo un momento en mi vida en el que entendí que la lógica y la estrategia no eran suficientes para explicar todo lo que somos.
Mi camino personal me llevó a abrir una relación más profunda con la consciencia, la intuición, el cuerpo y la dimensión interna del liderazgo. Empecé a comprender que muchas decisiones externas nacen de patrones internos que no siempre hemos mirado.
Desde entonces, mi trabajo dejó de separar lo profesional de lo humano. Hoy creo profundamente que no podemos liderar bien hacia afuera si estamos desconectados de lo que ocurre dentro.
Lo que hoy llevo a líderes y organizaciones
Todo mi camino me llevó a una comprensión central: no podemos separar quiénes somos de cómo lideramos.
Lo que no miramos en nosotros termina apareciendo en nuestras decisiones, en nuestros equipos, en nuestras conversaciones y en la cultura que construimos.
Por eso mi trabajo no se queda en inspiración. Acompaño a líderes y organizaciones a observar patrones, tomar mejores decisiones, fortalecer la coherencia interna, poner límites sanos y liderar con más presencia en contextos reales de presión.
Este es el corazón de Jess I Can: liderazgo consciente aplicado a la vida real, al negocio y a las decisiones que importan.

Mi enfoque nace de tres mundos
Estrategia real.
Vengo del mundo financiero, corporativo y de auditoría. Entiendo la importancia de los resultados, la gestión, el riesgo, la eficiencia y la toma de decisiones con información.
Consciencia aplicada.
Mi camino personal me enseñó que el liderazgo no se transforma solo con herramientas externas. También requiere mirar patrones, emociones, creencias, límites y formas de actuar que muchas veces operan en automático.
Liderazgo humano.
Creo en organizaciones donde el resultado no se sostiene a costa del desgaste, sino desde culturas más claras, responsables, coherentes y sostenibles.
































